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Recordando Albert “Beto” Medrano Rojas

Maria Estrada  |  Issue: Junio Julio 2021
Al Rojas

31 de julio de 1938 — 20 de marzo de 2020

Fue en enero de 2018 durante una conferencia binacional en la Universidad Estatal de California en Dominguez Hill, Carson, cuando escuché a Al hablar por primera vez. Con el sombrero de Sahuayo que lo caracterizaba y con una guayabera blanca, Al habló tan apasionadamente y con tanta convicción que su voz me dejó inmóvil. Cuando nos presentaron, me sorprendió que él supiera acerca de mi activismo. Intercambiamos números telefónicos y pronto comenzamos a hablar con regularidad. Durante los tres próximos años, él me contaría acerca de su activismo, sus luchas, sus angustias y su niñez.

Albert Joseph Medrano Rojas nació el 31 de julio de 1938 en Visalia, California. Sus padres usaron como cuna un contenedor de melocotones hecho de madera de pino y con una etiqueta en la parte de afuera. Él comenzó a trabajar en los campos de algodón de Visalia desde muy joven, junto con otros miembros de su familia. Por experiencia propia, él supo cuáles eran las condiciones de explotación y marginación que muchos trabajadores agrícolas continúan enfrentando aún actualmente. La madre de Al, Gabriela Medrano, era de Nuevo México, mientras que su padre, Rafael Anguiano Rojas, era de

Briseñas, Michoacán,

Al fue activista durante toda su vida, al igual que un dirigente comunitario a nivel internacional que dedicó toda su vida a trabajar incansablemente por los trabajadores agrícolas. Por ello, él cofundó la organización United Farm Workers of America (UFW, por sus siglas en inglés). A lo largo de su vida, luchó por los derechos laborales, por los derechos de los pobres y los indígenas, y por la difícil situación de los inmigrantes, una causa que defendió y apoyó hasta su muerte.

Al fue fundamental en la denominada “huelga de la uva” en Delano, California y realizó actividades para organizar a la gente en Pittsburg, Pensilvania entre 1968 y 1970.  Una vez que los productores firmaron el contrato con UFW, Al pasó a ser el Director de Oficinas de Campo, a cargo de más de 5.000 trabajadores agrícolas. En 1973, él ocupó el cargo de Director de Sindicalización en el norte de California y, como tal, administró contratos relativos a los cultivos de uva en Napa y Sonoma. Pasamos juntos varios días durante el fin de semana largo para celebrar el Día del Trabajo en 2020 y estuvimos en la región vinícola de California, donde me mostró los lugares donde realizaba reuniones y un terreno que deseaba adquirir a unas pocas millas de la casa de huéspedes donde nos quedamos.

Al fundó la organización North Americans for Democracy in Mexico (1989-1992) y envió a observadores electorales a ese país. En 1994, con el surgimiento de los zapatistas en Chiapas, él fundó la Coalición Solidaridad, como apoyo al movimiento indígena zapatista y su oposición al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al cual se opuso hasta su muerte. 

Él fue muy conocido localmente en Sacramento y en toda California, así como en México, por su estruendoso espíritu al hablar a favor de los marginados y en contra de la supremacía blanca, la brutalidad y la violencia policial, y por la clase obrera. Al organizó acciones contra el maltrato de la policía, a favor del movimiento Black Lives Matter y por los derechos de los palestinos, y siempre buscó llamar la atención hacia el boicot de la empresa Driscoll’s.

Al fue todo un ícono para muchos, tanto aquí en los Estados Unidos como en México. Desde que falleció, muchas personas me han buscado para decirme lo que él significó para ellos y el impacto que generó en sus vidas. Y es que Al generó ese impacto en muchos, al igual que en mí, y esto refleja el tipo de sindicalista, activista y mentor que era para muchas personas de toda edad, origen y grupo demográfico. Él conmovió a todos aquellos con los que tuvo contacto y siempre hizo sentir a las personas que podían marcar la diferencia en la comunidad. Al fue muy auténtico y significó mucho para muchísima gente. A pesar de su pequeña estatura, él fue una verdadera fuerza de la naturaleza.

Al me aconsejó sobre mi campaña, pero también acerca de asuntos personales y políticos. Hablamos diariamente, algunas veces durante horas. Al contaba con una abundancia de conocimiento y su vida fue la de un hombre al cual le importaba su gente y el logro de una mejor sociedad. Él estaba trabajando en su autobiografía y días antes de que falleciera le habló a su biógrafo para solicitarle que hiciera los preparativos para recibirnos en la Ciudad de México. Él quería que nos quedáramos en Tepoztlán, Morelos, que, según se dice, es el lugar donde nació Quetzalcóatl, el dios azteca representado como una serpiente emplumada. Nos íbamos a quedar allí para que él pudiera finalizar su autobiografía.

Beto fue mi amigo, mi mentor, mi confidente y el amor de mi vida, y me siento tan afortunada de haberlo tenido presente en mi vida. Sé que algún día lo volveré a ver y daremos largos paseos, tomados de la mano, con el sol en nuestros rostros, contando nuestras historias, tal como lo habíamos planific

Te quiero hoy y para siempre, Beto.

María Estrada

3 de abril de 2021

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