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La paradoja de la inmigración en Puerto Rico, USA

Pedro Angel Rivera  |  Issue: Octubre | Noviembre 2019

Hoy día se estima que cinco millones de puertorriqueños viven y trabajan en USAmérica continental. En el archipiélago puertorriqueño viven y trabajan alrededor de 3.2 millones.

Los puertorriqueños residentes en USAmérica tienen derechos civiles y políticos formalmente similares a los de cualquier otro ciudadano Usamericano.  En Puerto Rico, somos ciudadanos Usamericanos coloniales, sin derecho a elegir el presidente y el congreso

Usamericano que rige nuestros destinos. Por otra parte, Puerto Rico U.S.A. también es tierra receptora de miles de inmigrantes provenientes de países como la República Dominicana, Cuba, Venezuela, Perú, además de contar con poco más de 100,000 residentes nacidos en los Estados Usamericanos.

Dentro de este marco de paradójicos datos tuve la oportunidad de conversar con Hilda Guerrero, activista en defensa de los derechos civiles y humanos de la población inmigrante en Puerto Rico, dentro de la cual figuran actualmente y de manera prominente alrededor de 67,000 inmigrantes dominicanos.

Hilda destaca que mientras los puertorriqueños en Puerto Rico sufren la desigualdad colonial, el inmigrante dominicano, y las mujeres trabajadoras dominicanas en particular, sufren hoy más que nunca el implacable clima de intolerancia xenofóbica y racista que hoy promueve el gobierno federal Usamericano bajo la presidencia de Donald Trump y sus asociados capitalistas.

Añade a esto que si bien un número significativo de mujeres puertorriqueñas son victimas de violencia, acoso laboral y sexual, en el caso de las mujeres dominicanas inmigrantes dicha situación se agrava dentro del creciente clima de intolerancia y acoso por parte de la migra federal; la cual cuenta además con la complicidad ilegal de la policía y las agencias de gobierno estatal que en muchas ocasiones acosa a los inmigrantes exigiéndoles pasaportes y /o tarjetas de residencia.

Comuna Caribe, la organización desde la cual labora Hilda Guerrero, plantea “… para el capital no hay frontera, no hay muros; el capital se mueve libremente, como gusto y gana le da.

”Mientras, enfatiza la activista, “… países como E.E.U.U. …  se han enriquecido con el empobrecimiento de nuestros países… y pretenden cerrar sus fronteras …  evitando que la gente pueda moverse, buscando una “mejor calidad de vida” y lo vemos con toda esta situación de la caravana de personas que han salido de Centro América.”

El problema se complica, insiste Guerrero, porque   la propaganda anti inmigrante en Puerto Rico aún cala fuerte entre sectores de la población puertorriqueña, quienes ven a los trabajadores inmigrantes como enemigos “porque les quitan empleos”, a pesar de no ser cierto.”

Ante este reto, Comuna Caribe insiste en educar a puertorriqueños migrantes y a trabajadores extranjeros inmigrantes para decirle que “no” a las fronteras impuestas por el capital explotador de trabajadores.

Inspiradas en la consigna “Nativa o extranjera es la misma clase obrera”, activistas puertorriqueñas antillanas como Hilda Guerrero nos exhortan a cosechar la capacidad solidaria que también existe dentro de la clase trabajadora en Puerto Rico, combatiendo la ignorancia promovida por la xenofobia, el racismo y la política anti-inmigrante inmoral e hipócrita que promueve el capitalismo  en Puerto Rico y en el resto de USAmérica continental.

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