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La nación que podemos ser

De los editores  |  Issue: Febrero | Marzo 2019

Los inmigrantes y los trabajadores estadounidenses se enfrentan al mismo enemigo: La clase capitalista, cuya única solución es “dividir y conquistar”.

 

Padre e hijo migran juntos

Padre e hijo migran juntos. El hijo viene en pos de sus sueños.
El padre viene a cuidar de él.
FOTO: MARGARITO DIAZ

 

¿Qué ha pasado con la nación que una vez conocimos, el faro de la esperanza, la democracia y la oportunidad conocida en todo el mundo, los EE. UU. de la Estatua de la Libertad?

Pero la clase gobernantes nos dice, No hay “más espacio en la posada”? ¿Es verdad que no podemos abrir las puertas a las caravanas llenas de los “desgraciados de la tierra”?

Estamos en una encrucijada. En un punto de decisión jamás previsto. No hay manera de retroceder el tiempo. El capitalismo tal como lo conocíamos está muriendo. Ha penetrado a todos los rincones remotos del mundo y ha atraído a todos a su viento espiral, desplazando a las masas para que no siembren su propia subsistencia.

Los ha hecho totalmente dependientes de los salarios de quien posee los medios de producir y vender. El capitalismo moderniza constantemente sus herramientas productivas para acaparar el mercado y obtener aún más ganancias. Ideologicamente, los capitalistas forjan divisiones entre los trabajadores, en particular la raza, el género, la religión y el país de origen.

Por un tiempo, el capitalismo funcionó razonablemente bien para algunos. La democracia y la oportunidad de avanzar económicamente en este país eran posibles, pero había que luchar por ellos.

Sin embargo, la limitada prosperidad que muchos en los EE. UU. experimentaron se construyó en las espaldas de trabajadoras y trabajadores aún más explotados, cuyos derechos fueron pisoteados en países subdesarrollados, así como en muchos lugares dentro de los EE. UU.

Muchos de los explotados anhelaban la imagen de prosperidad y libertad que Estados Unidos simboliza para el mundo. Los que pudieron emigraron a los Estados Unidos, o de una región de los Estados Unidos a otra, como sucedió con la diáspora afroamericana de principios del siglo XX.

Hoy el capitalismo es un sistema económico fallido, víctima de su propio éxito. La modernización constante de las herramientas productivas está sustituyendo la mano de obra. La progresión de la electrónica ahora ha afectado al sector anteriormente seguro de los trabajadores industriales de los EE. UU.

El sector afectado es el antigüo pilar del imperialismo estadounidense que apoyó las políticas que causaron la desestabilización, los bajos niveles de vida y la migración de los países representados en la caravanas migrantes.

Para sostener el apoyo del sector afectado por la producción con robots, demagogos como Trump, recurren a la antigüa táctica de tratar a los inmigrantes como chivos expiatorios. Trump y los capitalistas que él representa culpan a los migrantes por la pérdida del Sueño Americano cuando en realidad la culpa es de Trump y todo el sistema económico.

La realidad es que los inmigrantes y trabajadores estadounidenses de todas las nacionalidades enfrentan al mismo enemigo: la clase capitalista. Las mismas corporaciones que desplazaron a los trabajadores estadounidenses bajo NAFTA y el CAFTA son la causa del desplazamiento, como también el involucramiento de los EE. UU. en los asuntos de sus países que obligaron tanto a mexicanos, como centroamericanos, puertorriqueños y haitianos a huir de sus paises natales con tal de sobrevivir.

El ataque a los inmigrantes es solo el comienzo. Es parte del esfuerzo por eliminar la democracia e instituir una dictadura fascista para reprimir la lucha de todos los trabajadores por una nueva sociedad.

Cómo lograr esta visión implica superar nuestras diferencias y descubrir nuestra humanidad común y compartida. Hay que comenzar.

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