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Una Dreamer rompe su silencio

Luz Cortés  |  Issue: Febrero | Marzo 2018

Toma una persona con valor para que otros se unan a la lucha.

Todo el mundo tiene una sombra – incluso cuando está oscuro todavía está allí.  Pero, ¿qué sucede cuando en lugar de dejar que tu sombra te siga, te conviertes en tu propia sombra?

Eso es lo que indica ser indocumentada en los Estados Unidos. Es más fácil simplemente mezclarse con todos los demás y no hablar una palabra porque si lo haces puede haber consecuencias. Me trajeron a los Estados Unidos cuando tenía sólo 7 años y no tenía ni idea de que no tener papeles me iba a causar muchos problemas para mi futuro.

En octavo grado mi madre se vio obligada a decirme que no tenía un número de seguro social cuando mi clase estaba planeando un viaje para visitar Washington D.C. Desde ese día decidí mezclarme y nunca hablar de mi situación. Me sentí como una carga-¿quién iba a simpatizar conmigo? ¿alguien me vería diferente si les dijera mi situación? Durante mis años de la escuela secundaria vería a mis amigos trabajando, obteniendo su licencia y viajando.

Me sentía tan inútil, pero hice un buen trabajo al mezclarme. Nadie hubiera imaginado que no tenía papeles.

En mi último año estaba sentada en clase fingiendo llenar mi formulario de FAFSA hasta que oí a una chica decirle al maestro, “yo no nací aquí, así que no puedo llenar esto.”  Me volteé y resultó ser una chica con quien me senté a su lado todos los días durante los últimos cuatro años y que resultó ser mi amiga.

Para mi sorpresa, otra chica habló y dijo lo mismo. ¡No podía creerlo! No estaba sola. Nunca lo estuve.

Después de la clase hablé con mi amiga y le dije que ella y yo estábamos en la misma situación. Nuestros ojos se humedecieron porque no podíamos creer cómo estos últimos cuatro años habíamos sido amigas y nunca supimos que compartíamos el mismo secreto. Y era un secreto hasta que no lo fue.

Deje de sentirme avergonzada porque no era mi culpa el que no hubiera nacido en este país. Decidí sacar el mejor partido de mi situación y hablar por los que todavía se ocultan en sus sombras. Lo mejor que puedes hacer es usar tu voz por lo que crees, es el arma más poderosa que un ser humano puede tener.

Durante años me aterraba hablar porque no quería llamar la atención. Pero llamar la atención por lo que uno defiende es revolucionario. Se necesita una persona que sea valiente para que otros tomen partido. Esa es la mejor reacción en cadena que podría haber.

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