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La robótica define nuestro tiempo — y lo que elegimos

Dave Ransom  |  Issue: Mayo | Junio 2017

Las políticas migratorias de Donald Trump —que están intentando dividir a los trabajadores contra sí mismas y expulsar a millones de personas del país— están cobrando cada vez más importancia. Pero esto solo es un capítulo dentro de una saga mucho mayor. Es la saga en la que estamos viviendo y en la que tenemos el poder de decidir cuál será su resultado.

A medida que esta situación se vaya desarrollando, podremos salir corriendo, pero no podremos ocultarnos. ¿Los Estados Unidos? ¿Canadá? ¿México? En los lugares de trabajo de todas partes, la oligarquía nos está reemplazando con máquinas  —en el campo, las fábricas, los centros comerciales, las bodegas y hasta en los restaurantes y las carreteras.

Las principales industrias estadounidenses del último siglo, tales como el sector automotriz y el del acero, ya son tan robóticas que resulta difícil encontrar a un ser humano en el área de trabajo de una fábrica. Y las industrias que la oligarquía exportó a los bastiones de mano de obra barata en Asia y América Latina también se están automatizando.

El periódico El Financiero de México informó que en ese país hay unos 25 millones de puestos de empleo en riesgo.

La empresa Foxconn, que emplea a millones de obreros, fabrica muchos de los artículos electrónicos de consumo que usted tiene en su hogar o al alcance de la mano, incluidos los productos marca Apple. Sus plantas están ubicadas principalmente en China, pero también en Baja California y Chihuahua. Su propietario, Terry Gou, ha prometido que reemplazará a todos sus trabajadores con máquinas.

Oligarcas como Gou no están haciendo esto porque sencillamente estén hambrientos de dinero o sedientos de sangre. Cuando sus opciones son un trabajador humano a quien se le paga $10 dólares la hora o un robot que trabaja por menos de $3 la hora, ellos no tienen otra alternativa, al menos no en un mundo capitalista con una competencia despiadada y salvaje.

De hecho, la única elección real es la nuestra. Seremos las víctimas del giro capitalista hacia un mundo sin obreros, o bien, los creadores revolucionarios de un mundo sin trabajo, un mundo en el que los robots trabajen para la mayoría, y no solo para unos pocos, un mundo en el que nuestros niños no solo sobrevivan, sino que también logren prosperar.

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