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¿Qué pueden esperar los latinos en las elecciones presidenciales del 2016?

de los editors  |  Issue: Septiembre | Octubre 2016

Esta campaña electoral revela una crisis y divisiones sin precedentes en los partidos Demócrata y Republicano. Tenemos dos de los más impopulares candidatos presidenciales en la historia de este país. Además, Gary Johnson, Libertario y Jill Stein del Partido Verde están obteniendo una cobertura sin precedentes debido a la insatisfacción popular con los candidatos oficiales del establecimiento.

Por un lado está Donald Trump, el candidato del Partido Republicano, un candidato tan cruel y odioso que incluso su propio partido no puede unirse en apoyo a él. Él promete deportar a 11 millones de “mexicanos” y construir un muro fronterizo que México tendrá que pagar. Lanza ataques incluso contra un juez mexicano-americano, alegando que Trump nunca podría obtener un juicio justo en el escándalo de su universidad privada. Culpa la rápida disminución del nivel de vida de la clase obrera estadounidense en las minorías, los inmigrantes, y todo aquél que no esté de acuerdo con él.

Ahora hay que evaluar a Hillary Clinton, la primera mujer elegida como candidata del Partido Demócrata. Ella todavía se está tambaleando por sus propios escándalos sobre violaciones de seguridad con su correo electrónico. Está estrechamente relacionada con el establecimiento del Partido Demócrata cual se percibe como más receptivo a Wall Street. Se reveló que había recibido medio millón de dólares para hablar a firmas de Wall Street, y prometió no actuar en contra de los intereses corporativos en caso de ser elegida. Algunos de los principales políticos republicanos conservadores le han brindado abiertamente su apoyo, favoreciendo sus políticas en vez de las de Trump.

Ya prácticamente silenciado, Bernie Sanders candidato para presidente del Partido Demócrata, desató una torrente de apoyo por programa de empleos, educación, el alivio de la deuda, la vivienda, la salud y un medio ambiente limpio, muy opuesto al apoyo gubernamental a los multimillonarios y las corporaciones. La candidatura de Sanders obligó a Hillary, como dice el dicho mexicano, a hablar de dientes pa’ afuera sobre las inquietudes de la gente. Incluido en esto fue su promesa de abordar la reforma de la inmigración en sus primeros 100 días. Lamentablemente, Barak Obama hizo la misma promesa, y no se logro nada, ni siquiera en ocho años.

Aquí estamos de nuevo, frente a la estrategia habitual de apoyar “el menor de dos males.” Muchos dirán que debemos derrotar a Trump a toda costa. Sin duda una victoria para Hillary parece comprarnos tiempo para promover nuestros intereses, tales como la reforma de inmigración. Pero no debemos ser engañados. Los dos partidos, republicano y demócrata abogan por los intereses de las corporaciones a nuestras expensas. Sólo difieren en la manera de alcanzar sus objetivos.

Este sistema económico está muriendo por la sustitución de tecnología que reemplaza la mano de obra humana. Ninguna empresa va a contratar a trabajadores si un robot o equipo puede hacer el trabajo de manera más rápida y barata. No nos necesitan más. Y no nos alimentaran. Nos están quitando nuestros derechos, incluso los consagrados en la Carta de Derechos, porque ya no les conviene.

Los descartados por el sistema como deshechables, y los que se ven obligados a inmigrar aquí, comparten una causa común. Los Estados Unidos ya no ofrecerá la promesa de paz, abundancia y felicidad– si no actuamos con rapidez. Necesitamos la independencia política de nuestra clase, cual incluye a los nacidos aquí  y a los inmigrantes– con tal de hacer de esta visión una realidad.

La campaña de Bernie Sanders nos mostró el camino, aunque sólo por un momento. La castración de su campaña en la Convención Demócrata demostró que, en última instancia, necesitamos salir fuera del Partido Demócrata. El impulso que el Partido Verde con Jill Stein ha capturado inspira a los revolucionarios para continuar la lucha. Ya sea por medio del Partido Verde o por otro tercer partido, sólo la lucha por la independencia política garantizará una nación gobernada por y para el pueblo.

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