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Nicaragua: Un pueblo en pie de lucha

Benjamin Wood  |  Issue: Noviembre | Diciembre 2012
Foto: Benjamin Wood

La primera década de administración sandinista fue caracterizada por la guerra contra las fuerzas reaccionarias, ciertos abusos de poder por parte de dirigentes militares, inversión en alfabetización, cultura, y salud, y un nivel desagradable de conformidad con organismos transnacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI por sus siglas en inglés).

En 1990 el electorado nicaragüense destituyó al partido revolucionario y eligió a Violeta Chamorro Barrios, la primera mujer mandataria de latinoamérica, quien prometió paz y reconciliación. Esta promesa más o menos se cumplió, pero dio pauta a una serie de administraciones neoliberales y corruptas.

Todo esto cambió en 2006, cuando el frente, que para entonces se había convertido de fuerza guerrillera en partido político, volvió a la presidencia. Mediante un acuerdo con la iglesia católica, el restaurado presidente Daniel Ortega decretó que encabezaría un gobierno “cristiano, socialista, y solidario” bajo el lema de “el pueblo, presidente.” Este acuerdo implicó la ilegalización del aborto, una bofetada a las mujeres que formaron una parte integral de las fuerzas armadas del frente.

Sin disminuir este retrogradismo político, el pueblo nicaragüense también ha avanzado desde el retorno del sandinismo al poder.

Electrificación: En 2006, el índice de electrificación era de 53%. Para finales de 2011, había llegado a un 72%, con proyecciones de que alcance un 87% para el año 2017.

Medio ambiente: Reforestación de 15 000 hectáreas en el año 2011.

Salud: Restablecimiento de servicios gratuitos en los centros públicos de salud; contrarresto del proceso de privatización en el sector médico.

Educación: Restitución del derecho a la educación pública; nivel de retención escolar actual del 91.1%, un incremento de 6% desde 2006; otorgación de “merienda escolar”; entrega de mochilas gratuitas a los alumnos y alumnas más necesitados y necesitadas; reinicio de programas de alfabetización, detenidos durante las presidencias neoliberales.

Loables que sean estos logros, el esfuerzo más importante que ha desempeñado el gobierno es la inversión en los y las jóvenes que integran la Juventud Sandinista. La JS es un organismo que fomenta el liderazgo juvenil a través de proyectos ecológicos, políticos, y sensibilizadores. Lidereado por jóvenes mismos, generalmente por un coordinador hombre y una coordinadora mujer, la JS entrena y pone a trabajar a grupos de jóvenes y los responsabiliza con ser líderes en sus comunidades.

Los proyectos ecológicos incluyen los mentados proyectos de reforestación, entre otros. En cuestiones de salud, el trabajo abarca sensibilización acerca de la salud preventiva, equidad de género, y diversidad sexual. Y en cuestiones políticas, el trabajo consiste en organizar a las comunidades en apoyo a proyectos sandinistas. Al enseñar a la juventud a organizarse, el gobierno invierte en su capacidad para resistir ataques económicos y políticos, una lección que perdurará por muchos años en el futuro, sin importar el gobierno que esté en el poder en los años venideros.

Obviamente, jóvenes que se involucran en este trabajo tienen una alternativa al pandillerismo y delincuencia en la que caen tantos jóvenes en países con gobiernos conservadores y neoliberales. ¿Qué pasaría en los Estados Unidos si se pudiera invertir siquiera un porcentaje del tesoro público en la actual generación de jóvenes criminalizados, o los que viven en las calles bajo el abrigo del movimiento de ocupación, pero sin acceso ninguno a recursos?

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